viernes, 15 de mayo de 2009

Las organizaciones revolucionarias y la actualidad

Es un algo manifiesto en la actualidad la falta de organización, el individualismo, e indiferencia ante la política en los distintos movimientos sociales, desde los trabajadores hasta los estudiantes, lo cual ha sido algo nocivo para las orgánicas políticas de "izquierda", que no han podido tener un papel preponderante en las acciones de estos. Quizás un ejemplo de "hegemonía" de la izquierda es la CUT, aunque sin embargo no reúne de forma concreta a grandes masas trabajadoras, pues solo el 10% de estas está sindicalizado en nuestro país.
Ante esto, muchos colectivos siguen reivindicando el "unificacionismo" de izquierda, como algo urgente y necesario para organizar a la clase trabajadora, planteando muchos la organización de un partido obrero único o coordinadoras de revolucionarios, obreros, estudiantes, y etc., sin tener a priori una hegemonía notable sobre estos, y por lo mismo no convocando a grandes números de personas, sino que al contrario, solo unas minorías. Entonces cabe preguntarse, por que no existe capacidad orgánica en la clase trabajadora, por que las políticas de organizaciones no sirven para ayudar en esto a los trabajadores en la actualidad , y que debemos hacer entonces para poder construir un movimiento real de trabajadores.

La actualidad económica capitalista

Para entender este proceso de individualización de la sociedad, es necesario primero analizar y dar cuenta de como este proceso se produce como manifestación de las formas de organización productiva en lo económico. En la actualidad el capitalismo ha creado nuevas maniobras para optimizar la producción, disminuir cualitativamente los efectos de las crisis, desarrollando una enorme fuerza productiva que ha hecho la globalización una realidad. Esto último se ha manifestado como consecuencias del modelo toyotista de producción, el cual nació como respuesta a la crisis del fordismo a principios de los 70. Este utiliza la producción en red, la cual consiste en crear una gran división del trabajo, organizando la producción en pequeñas industrias o empresas, lo que facilita el control sobre los obreros, y además separa y desorganiza a la clase de forma mas eficiente, lo cual evita cualquier intento revolucionario. Además de esta descentralización de la producción, en el se da una precarización excesiva de la estabilidad laboral, expresado concretamente en el sub-contrato, el cual no ha sido sino una manifestación tercermundista del toyotismo. En los países mas desarrollados económicamente como Japón, Alemania, los sectores más avanzados de EE.UU y China, el subcontrato no afecta a los nativos de sus países sino que a los inmigrantes. Todo lo descrito anteriormente lleva entonces a una gran separación de la clase obrera y además, de inseguridad laboral, lo que los lleva a una lucha no masiva, o en los casos más drásticos a una ausencia de la lucha de los trabajadores.

El Partido Único como orgánica del pasado

El Partido en la actualidad, a pesar de que se ha mostrado ineficiente, se sigue proponiendo como forma organica revolucionaria de excelencia, pero sin embargo, es necesario destacar que se ha transformado solamente en un constructo político mecanicista, que ha quedado ya en el pasado como forma de política util, pues en si misma fue una respuesta a otro contexto económico, donde existia la organización del trabajo taylorista, y a posteriori fordista, en las cuales los trabajadores se mantenían unificados bajo grandes industrias, y por ende, su organización política era más fácil en un sentido "unificacionista", bajo un partido único.

Entonces ¿Cómo resolverlo?

Podemos dar cuenta entonces de que la organización partidaria ya no responde a las necesidades de masa, por lo cual es necesario plantear una nueva forma de organización política. Es por esto que primero, esta nueva forma organización no debe tener ya el carácter tradicional de la "orgánica revolucionaria común" , es decir, con cargos, centralidad, programa, etc.

A vistas de que la clase trabajadora esta cada vez más atomizada, es necesario crear una organización que cubra esta atomización de forma concreta, adaptándose a la estructura actual de la clase trabajadora en el proceso productivo, por ende, organizándonos en redes, en el que a través de colectivos sin jerarquía, y retomando la estructura de los consejos obreros, los revolucionarios se relacionen dialécticamente con los trabajadores, y no mecánicamente como es de costumbre, al llegar con un afán iluminista e impositivo hacia estos, pues retomando los dichos del manifiesto del partido comunista, los comunistas “no tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado” y “no profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario”. La superación de esta relación mecánica no se da sino eliminando la separación entre el revolucionario y trabajador, al dejar de organizarse alrededor de un programa fijo y separado de las masas, retomando primero la historia de la clase trabajadora, y segundo desarrollando un “programa” (pues en su esencia no lo es) dialécticamente a través de la misma lucha de clases, es decir, en la praxis revolucionaria de y con las masas.

Este consejismo, lo cual tiene importancia remarcar, es una superación dialéctica de las organizaciones enajenadas, y no un producto de la voluntad humana abstracta. Es decir, no simplemente algo que hemos pensado, si no que es parte del desarrollo de la lucha de clases, como parte de las necesidades objetivas para la superación del capitalismo como sistema económico explotador.